
Ya está bien de tanta superchería.
Olvidar la hipocresía social y cambiar el enfoque con que nos presentan a las drogas son un buen objetivo.
Por supuesto que un mal uso es peligroso, o mejor, peligrosísimo.
Las drogas matan, y el SIDA, y los accidentes de coche, y las armas, y la pobreza.
El peligro es la mala o nula información. Parece increíble que en el siglo de la multicomunicación no destruyamos los monstruos del pasado. Nos damos cuenta cada vez más que unos pocos, con intereses particulares, imponen su ética para gobernarnos a todos, y eso no es justo.
Por eso tomo como máxima la reivincativa frase de Antonio Escohotado:
De la piel para adentro, mando yo.